¿Cómo podemos prevenir y tratar el síndrome postvacacional?

En los últimos años, se ha mencionado este síndrome a consecuencia de las molestias físicas y malestar psicológico que se han detectado en los usuarios de varios centros de salud a la vuelta de las vacaciones (generalmente en septiembre).

El síndrome es en realidad un trastorno adaptativo por la brusca transición del periodo vacacional (relativamente largo) al laboral, que cómo tal, puede prevenirse con algunos consejos que presentaremos a continuación.

El abanico de sintomatología es muy variado y puede componerse de tanto síntomas físicos cómo psíquicos: el cansancio, la fatiga, somnolencia, dificultades para concentrarse, dolor en el estómago, tensión muscular, irritabilidad, nerviosismo, apatía, tristeza, etc.

Esta variedad puede provocar confusión en su detección y que este síndrome se confunda con un episodio depresivo y/o de estrés, por lo tanto, es de vital importancia que analicemos las razones que nos han originado este estado físico y psicológico, descartando otras causas.

Es importante indicar que las edades de la población a la que el SPV afecta oscilan entre los 25 y los 45 años, y generalmente esta sintomatología suele remitir a las dos semanas de su incorporación en el trabajo. Si pasado este periodo la sintomatología NO remite debemos consultar con nuestro médico de familia u otro profesional de la salud (psicólogo, psiquiatra, etc.).

El SPV realmente lo podemos padecer todos, tanto por el desajuste en nuestra rutina diaria que producen las vacaciones en nuestros horarios y obligaciones y sobretodo, dada la situación de crisis económica actual, la presión con la que se realiza el trabajo, el aumento de éste por reducción de plantilla, los recortes salariales y el miedo a perder el empleo pueden contribuir a la idealización del periodo vacacional y a una peor adaptación a nuestra vuelta al trabajo.

¿Qué aspectos pueden contribuir a la aparición del síndrome?

  • Periodos vacacionales largos que convierten la vuelta al trabajo en una brusca transición y exigencia profesional.
  • Una situación laboral que de forma habitual genera malestar y disconfort en la jornada cotidiana, sin duda contribuirá a las dificultades de rehabituarse a un medio en el que no deseas regresar.
  • Síndrome de burnout, situaciones conflictivas entre compañeros/as o jefes/as o en casos de mobbing previos al periodo de vacaciones.
  • Una idealización de las vacaciones, considerarlas como el verdadero “vivir” obviando la poca realidad que existe entre nuestra vida cuotidiana con sus horarios y responsabilidades y ese periodo de paréntesis tan deseado, en el que apenas miramos el reloj y nos dedicamos en exclusivo a relajarnos.
  • Otras presiones relacionadas con la crisis que han conllevado a un aumento de la presión y del miedo en el lugar de trabajo.

¿Cómo podemos prevenirlo?

  • Se recomienda no solicitar periodos largos, como por ejemplo todo un mes y tratar de dividirlas entre dos quincenas o una semana y tres de vacaciones. Si podemos desconectar perfectamente del trabajo marchándonos un puente de 3 días ¿por qué no en 15 días o en una semana?
  • Si hacéis un viaje o crucero, no regreséis el día antes de reincorporaros al trabajo. Se aconseja dejar dos días u tres de margen para rehabituarnos a la vuelta a casa y a las obligaciones que esta conlleva y posteriormente a nuestras responsabilidades laborales.
  • Procura no incorporarte un lunes, la primera semana suele resultar más difícil de sobrellevar.
  • Si nuestra situación actual en el trabajo es conflictiva, nos desborda, y nos desmotiva tenemos que solventar esta situación y plantearnos la posibilidad de un cambio que debe empezar por nosotros mismos.
  • Mejorar la comunicación con nuestros jefes/as y compañeros/as de trabajo hará más llevadera esta transición e incluso podemos vivir la vuelta al trabajo como algo agradable para compartir nuestras vivencias.

¿Qué nos puede ayudar a soportarlo si ya lo padecemos?

  • Mentalízate al menos dos días antes de regresar al trabajo y regula tus horarios.
  • Trata de dormir más horas durante la noche.
  • Si tu trabajo te lo permite, modera la intensidad del trabajo.
  • Planifica cada día tu jornada laboral.
  • Recompénsate de alguna manera para no asociar solo el regreso al esfuerzo.
  • Regula tus horarios y tu alimentación permitiendo que tu cuerpo recupere la normalidad.
  • Comparte con tu compañeros/as o tu jefes/as la experiencia vacacional y disfruta de ese momento.
  • Interésate por las vacaciones del resto de tus compañeros/as, relájate y escucha.

Recuerda que esta sintomatología suele remitir a las dos semanas de su incorporación en el trabajo. Si pasado este periodo la sintomatología NO remite, debemos consultar con nuestro médico de familia u otro profesional de la salud (psicólogo, psiquiatra, etc) dado que puede tratarse de otra problemática.